56 - Soy tu abuelo.
ISMAEL.
Necesito tener paz un solo día, pero resulta ser que, en esta casa, ingresa cualquiera. Estaban observando a mi esposa mientras se daba una ducha, cuando, en realidad, la casa debería de ser el lugar más tranquilo y seguro.
La madre ingresa por la puerta, al oír mis gritos. ¡Dios! Esta mujer me da tanta mala espina, que me cuesta tanto trabajo disimularlo. Presiento que tiene mucho que contar en esta historia.
—¿Qué sucede? ¿Por qué los gritos? —pregunta, llegando hasta su hija, y arr