CAPÍTULO 18
Tanteé la cama, buscando a Adriano, pero no estaba. Fruncí mi ceño y abrí mis ojos, no había ningún ruido en el baño ni en el armario.
Tal vez ya está desayunando —pensé, mirando la hora y viendo que, si no me movía cuanto antes, se me haría tarde para alistarme y tener lista a Emilia.
Ya llevábamos varios días de casados y habían sido unos de los mejores días de toda mi vida, no los cambiaba por nada, no habíamos tenido nuestra luna de miel por obvias razones en la empresa, así que