Ella asintió con la cabeza mientras se le hacía un nudo en la garganta. —Sí —dijo con voz ronca—. Tienes razón, por supuesto. Fue una mala idea. Lo siento.
Se apartó de él y se apresuró al otro lado del coche. Al entrar, esperaba que él no notara la vergüenza y el dolor en sus ojos. De hecho, ni siquiera estaba segura de poder mirarlo a la cara después de esto... Lo cual solo demostraba que era la reina de las malas decisiones. Sabía que no iba a terminar bien, y aun así lo había hecho. Por alg