Adrien.
Tenía tantas cosas que quería decirle a Camelia. Palabras atoradas en mi garganta, sílabas que alguna vez soñé con pronunciar. Pero al final… le hablé en el idioma más antiguo de todos: El amor.
La tenía de nuevo entre mis brazos. Y no permitiría que el mundo volviera a arrebatármela.
Sentí terror, incluso el alma se me paralizó cuando la vi caminar distraída, ajena al caos de la ciudad y por poco… un automóvil a toda velocidad pudo escribir su final. No podía culparla, con ese calor as