CAPITULO 23

MÍA

Mi despertador suena a las siete en punto. Lo apago y abro mis ojos. Me quedo en mi cama viendo el brazo velludo que envuelve mi cintura. Giro mi cabeza y veo a Joaquín durmiendo profundamente casi encima de mí. Tiene su pierna sobre la mía, siento los vellos de sus piernas en mi piel, su calor y por si fuera poco su virilidad en mi trasero.

Permanecí varios minutos a su lado, saboreando el momento. Tocando con la punta de los dedos las venas que sobresalen de su antebrazo. Es tan varonil, tan guapo. Huele de maravilla, aun por la mañana y su respiración me eriza la piel del cuello.

Lo contemplo por un rato más antes de salir con mucho cuidado de la cama. Ayer no tuve oportunidad de detallarlo en la oscuridad, miro su espalda ancha, cintura estrecha, brazos definidos y marcados, piel blanca. Necesita un bronceado urgente. Sonrió.

Retiro lentamente las sábanas para salir de la cama y no puedo evitar contemplar el ejemplar de hombre que tengo en mi cama, sus piernas largas, fuertes
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