Las semanas siguientes transcurrieron en una calma casi irreal, como si los ecos del pasado se hubieran desvanecido en el olvido. La relación entre Ernesto y Gabriela florecía nuevamente, derribando las barreras que alguna vez los mantuvieron distantes
—Señora mía, ¿cómo es eso de que hoy no me dejarás hacer nada? —preguntó Ernesto, su mirada fija en ella como un depredador observando a su presa—. ¿Acaso estoy siendo castigado?
Gabriela respondió con una sonrisa traviesa, acercándose a él con p