En cuanto llegó a su apartamento, Gabriela buscó a su madre con desesperación. Rosalía, al verla semidesnuda y con el rostro hinchado de tanto llorar, sintió cómo su pecho se quebraba como si dagas afiladas lo atravesaran.
—¿Qué te pasó? —preguntó con un nudo en la garganta, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. ¿Quién se atrevió a hacerte esto?
Gabriela se lanzó a los brazos de su madre, temblando.
—¡Está casado, mamá! —sollozó, aferrándose a ella como si al soltarla se rompiera en mil p