La mesera que no se inclinó ante Selene, se acercó con un plato de verduras y carne recién cocida que vertió sobre el vestido de Selene, haciendo que ella soltara un grito por lo caliente de la comida.
—¡Lo siento!— se disculpó la mesera.
Pero aquello sonaba más a una burla que a una disculpa, en ningún momento desaprovechó la oportunidad de ensuciar mas el vestido de ella, pero la mano de Selene la detuvo justo cuando la mano de la chica estaba a punto de subir por su rostro.
—¡En realidad fue