SED DE VENGANZA
Tatiana regresó a su habitación, un mar de emociones agitándose en su interior después de la revelación de su abuelo. Amelie, preocupada, no tardó en seguirla, cerrando la puerta detrás de sí con un suave clic.
―¿No vas a decirme qué está pasando? ―preguntó.
Tatiana, aun en shock, se giró lentamente para enfrentar a su amiga. Sus ojos, normalmente llenos de vida, ahora parecían nublados por la tormenta de sus pensamientos.
―Natasha… no es hija de mi madre ―soltó, finalmente,