28 VIRGEN POR HIPOCRESÍA
Un camarero sirvió el vino, mientras que Yagiz no lograba quitarle los ojos encima de Serem.
Ella era tan cautivante, tan mujer y a la vez tan niña, que él no estaba seguro porque tenía el poder de desconcertarlo de ese modo.
—¿Llevas mucho tiempo en Estambul? — preguntó él dándole un pequeño sorbo a su copa de vino, y pasando la lengua sutilmente por sus labios masculinos para limpiar el excedente de la embriagante bebida. Ese sencillo gesto ruborizó a Serem de forma i