15 NO VUELVAS A CASA
El teléfono dio tres timbres, y en el cuarto una voz casi histérica tomó la llamada. Era la señora Keskin, agobiada por la pobreza a la que vivían sometidos.
El último dinero de aquel adelanto que le habían pagado a Serem se acababa de ir en la nueva medicación que le habían recetado al señor Keskin, solo que ella ya había pagado por las medicinas que le respetaban con anterioridad. Así que la señora Dislay Keskin volvía a estar en el mismo predicamento, sin dinero, y sin