—Eso fue espantoso —renegó María tras bajar del avión—. No entiendo cuál es el afán de sufrir tanto por unas vacaciones.
Casi el total de horas que había pasado montada en ese armatroste de metal, María había sufrido de constantes mini crisis de ansiedad, y fue mientras sentía que se moría, pues no podía respirar y su cabeza se sentía como si fuera a explotar en cualquier momento, que la chica comprendió que si límite a soportar eran las dos horas y pico que hacía de Guadalajara a Monterrey.
—A