—¡Oye! —casi gritó el hombre en cuanto su llamada fue atendida—. Zulema dijo que estás aquí ya. ¿Por qué no me dijiste nada? Podía haber ido al aeropuerto por ti y llevarte a tu casa.
—Le prometí la vez pasada que, si alguna vez volvía a Monterrey, ella sería la primera persona a la que visitaría —explicó María—. Además, no te enojes, aún puedes venir a mi casa y devolverme al aeropuerto.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Sucedió algo? —preguntó Marcos, preocupado por las implicaciones de semejante declaración.