CAPÍTULO 22
—¡Oye! —casi gritó el hombre en cuanto su llamada fue atendida—. Zulema dijo que estás aquí ya. ¿Por qué no me dijiste nada? Podía haber ido al aeropuerto por ti y llevarte a tu casa.

—Le prometí la vez pasada que, si alguna vez volvía a Monterrey, ella sería la primera persona a la que visitaría —explicó María—. Además, no te enojes, aún puedes venir a mi casa y devolverme al aeropuerto.

—¿Qué? ¿Por qué? ¿Sucedió algo? —preguntó Marcos, preocupado por las implicaciones de semejante declaración.
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