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—No tenías que humillarme de esta forma, como si fuera yo un maldito adorno. —Arrojando al suelo el vaso de vidrio que le habían traído al pedido de ella, sabía perfectamente que se pondría de esa forma y no estaba dispuesto a perder su tiempo y costoso vino, solo por su falta de control.

—No sé a qué te refieres, solo te invité a un restaurante elegante a que comas ternera. ¿Cuál es el motivo de tu enojo, cariño?

—¿Tienes el descaro de preguntar? De verdad que no tienes un mínimo de vergüenza
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