C27-DOCE MILLONES DE DÓLARES
—Yo... tengo que irme.
Aaron la miró sin decir nada, pero sí respirando agitado. Rachel se giró y caminó hacia la puerta y él, la siguió con la mirada, inmóvil, mientras su silueta se perdía bajo la luz de la luna. El silencio volvió al invernadero, pero el aire aún estaba cargado.
Y Aaron supo que esa mujer se le había metido bajo la piel.
En el auto, solo se oía el leve zumbido del motor y la lluvia golpeando el parabrisas. Rachel miraba por la ventana, evitando a