CAPÍTULO VEINTIOCHO

Al despertar aquella mañana, Erick se sintió lleno de un optimismo tan puro como hacía tiempo no sentía. Por un lado, se sentía cada vez más seguro de que, después de tanto pelear, después de tantos nervios y tanto miedo, parecía que por fin podría asegurar la custodia de sus hijos. Según lo que le había dicho Garrick por encima (no queriendo tocar el tema a demasiada profundidad para no cantar victoria antes de tiempo), había muchísimas posibilidades de que el fallo del juez obrara a su favo

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