CAPÍTULO TREINTA Y UNO

Durante los días siguientes, Olivia tuvo que recordarse a sí misma con dureza que nada de aquello era verdad, que esa familia no le pertenecía y que su lugar estaba, por desgracia, muy lejos de ellos. Pese a eso, no pudo evitar encariñarse más y más con aquellos niños tan dulces, inteligentes y divertidos. Poco a poco, se habían ido haciendo parte de su vida y de su rutina, tanto así, que un mes después de haberlos conocido no podía contemplar su día sin antes conversar con ellos, jugar un po

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