Mujer prohibida: 17. Cristóbal y otra mujer
Mía había sido de alta cuando su padre entró a la habitación.
— Hola, mi pequeña.
— Papá.
Matías besó la frente de su adorada hija y colocó su mano sobre la suya.
— ¿Cómo te sientes?
— Mejor, pero… ¿tú ya lo sabes? — el padre de la joven asintió con una media sonrisa — ¿Estás enojado?
— Nunca, mi amor. Ven aquí, déjame darte un abrazo.
— Ah, papá — Mía resolló, pero de alegría, y alzó el rostro con ojos brillantes — Sé que soy demasiado joven, pero… he soñado toda mi vida con este momento, ¿sabe