Nadie sabe lo que tiene.
Los ojos de Angus se dilataron de pánico y asombro, después de entender lo que su esposa estaba diciendo. Dió un salto y casi se cayó mientras trataba de ponerse los pantalones que había dejado a un lado.
—¡Dios mío! —exclamó Angus, buscando frenéticamente algo que no veía.
Lo vio sacar una maleta y empezar a guardar prendas y prendas de ropa, parecía atareado, nervioso, estresado.
Leonor se rió débilmente ante la vista de ese hombre grande, completamente fuera de sí, corriendo asustado como