Capítulo 91: Una mentira piadosa.
Jérémie permanecía inmóvil, con las manos cuidadosamente cruzadas sobre la mesa, como una imagen de tranquila resignación. Su aprobación flotaba en el aire, reduciendo el procedimiento a una mera formalidad.
La sala permaneció en silencio, salvo por el ocasional trasiego de papeles o el suave carraspeo, como si las paredes estuvieran conteniendo la respiración a la espera del pronunciamiento del juez.
El juez, una figura imponente con un semblante que no revelaba ningún atisbo de parcialidad,