Capítulo 50: Un hijo celoso.
Las rodillas de Leonor se doblaron, el peso de su angustia la arrastró hacia la silla mientras las lágrimas caían sin freno por sus mejillas.
La crudeza de su garganta convirtió sus palabras en susurros desgarrados.
—¿Cómo es esto posible? —inquirió sintiendo un profundo dolor en el pecho, ni siquiera podía imaginar cómo se iba a sentir su hijo.
Pensó que la vida era demasiado injusta, sacó su móvil y tomó una fotografía de la imagen de las dos niñas.
Frente a ella, la disculpa de Laudina atr