Capítulo 32: Un hombre capaz de todo.
Las manos de Andrew, firmes, pero suaves, acariciaron los costados de la cara de su esposa.
Sus ojos, antes desorbitados por los restos del estimulante, ahora comenzaban a mostrar un poco más de tranquilidad.
—Vuelve al asiento, mi amor —, le dijo suavemente, su voz era un bálsamo tranquilizador. —, por favor, vístete mientras yo hablo con el oficial, ¿De acuerdo? Su pregunta era tierna, casi un susurro, y ella asintió con la cabeza, como una marioneta muda que se dejaba llevar por sus cuidad