95. Compláceme, por favor
95. Compláceme, por favor
La presión era una combinación entre el dolor y el placer. El pene se restregaba sobre su coño, lubricándose con sus propios juegos.
—Por favor, Nathan, no me hagas esperar. Te necesito —musitó, sintiendo un cosquilleo entre sus piernas.
—Quisiera retrasar un poco esto, Lay. Desearía darme el tiempo para amarte, pero me has dejado al límite. Quiero enterrarme en tu calor, amor.
—¡Sííí! ¡Hazlo, Nathan! Por favor —suplicó, echando las caderas al frente, provocado que la