38. Quémenlo
38. Quémenlo
Lo observó por más tiempo del necesario, pasó el dedo sobre los labios descarados y sonrió. Tiró la camisa sobre la cama, buscó algo cómodo para Nathan y se sentó a esperar a que su esposo apareciera.
No pasó mucho tiempo; venía con una sola toalla alrededor de su cintura; las gotas de agua que caían de sus cabellos castaños canosos se perdían en su cintura, absorbidas por la tela.
—¿Qué pasa? —preguntó Nathan al ver a Layla cruzada de brazos y con un semblante serio, peligroso—. ¿Q