36. Yo no te lo pedí
36. Yo no te lo pedí
Nathan se sentó en el sillón, se recostó al respaldo mientras observaba a Layla acomodarse los últimos botones de su blusa. Nunca tenía suficiente; su esposa era hermosa por donde la viera y era imposible no enamorarse más de ella.
—¿Cómo me veo? —preguntó ella acomodándose su hermoso cabello rubio detrás de la oreja, mirándolo con esos orbes grises que lo enloquecían.
—Como una mujer que acaba de hacer el amor con su esposo, radiantemente hermosa.
Layla tuvo la osadía de so