121. Siéntelos
121. Siéntelos
Nathan volvió del cuarto de baño, solo para encontrarse con Layla plácidamente dormida. Había sido un día largo y lleno de emociones. Se acercó, quitándose el corbatín, tomó las suaves sábanas de seda y la cubrió hasta el vientre. Ella se movió, acomodándose mejor sobre la cama.
El mangante se quedó varios segundos observando a la mujer que se había convertido en su universo. Esa mujer que llevaba a cuatro de sus hijos en el vientre y que, aun así, se daba tiempo para acompañarl