STEVEN
La subo a mi habitación.
Todavía tiene sus piernas envueltas alrededor de mi pelvis, así que claramente siente el deseo que tengo por ella.
Me introduzco en mi santuario al que ninguna mujer ha tenido acceso y esto debería ser significativo para explicar cómo me siento.
La coloco suavemente en la cama y recorro con mi mirada voraz su cuerpo... entonces tengo que reírme.
—¿Qué hacemos con los unicornios? —le preguntó y yo mismo soy consciente de mi voz ronca producto de la excitación.