STEVEN
Entro en la abarrotada sala con Olivia del brazo, orgulloso de mostrarla.
Hace un rato, cuando se quitó la capa de los hombros, pude admirar el atuendo que había elegido para la noche y, créanme, no deja nada a la imaginación y me encuentro sumamente molesto por las miradas de los hombres presentes.
Como de costumbre, mi madre exagera con el número de invitados, y aunque conozco a todos, me sobresalta el bullicio procedente de los diversos apiñamientos que se han formado.
Ahí... ¡la rein