Giulano estaba tan enfadado que me cogió del brazo y sin importarle quien nos estaba mirando, me arrastró con él hasta la calle donde estaba aparcada la limusina, abrió la puerta empujándome para que entrara dentro del coche.entrando él después. De camino a nuestra casa, me quedaba mirándolo por el rabillo del ojo, viendo como se pellizca la nariz y me miraba con odio hasta que llegamos a casa, saliendo él del vehículo sin esperarme.
Cuando entré en casa me dirigí directamente al nuestro dormit