Por la mañana mi marido me despertó sintiéndome llena de él, mientras mordía mis pechos y cada uno de mis pezones, no le pude decir nada, porque yo también deseaba que me hiciera suya, rodeé sus caderas con mis piernas, rodeando su cuello con mis brazos y clavando mis uñas en su desnuda espalda, mientras los movimientos de mi marido cada vez eran más fuertes
— Buenos días — le dije sonriendo
— ¿Te gusta despertar así? que tu marido te haga gritar de placer por las mañanas — me decía jadeando
—