28. Suite privada de un burdel.
—Potra, no te enojes. Solo digo que se supone que nadie sabía de eso. ¿Tú sabes quién fue la ladrona?
Annie entrecierra los ojos, recordando lo que sucedió aquel día en que tropezó contra la “pared de acero”, alias: Arón, en la clínica de fertilidad. Algo en su interior, dormido durante tanto tiempo, se sacudió al verlo.
Estaba tan absurdamente sexy, tan imponente en su masculinidad, que su fragancia le nubló los sentidos y la dejó flotando entre el deseo y la locura… ya sabe dónde terminó.
Lu