CAPÍTULO 25. Un jefe ogro supremo
Al día siguiente, el departamento de Ava parecía un pequeño campo de batalla textil. Vestidos colgados de las puertas, zapatos desperdigados por el suelo, maquillaje sobre la mesa del comedor y música sonando de fondo a un volumen indecente.
—¡El rojo, el rojo! Nada de negro, blanco ni sobrio. Necesitas ser una femme fatale para pelear con tu jefe esta noche —dijo Ava, sosteniendo un vestido frente a ella.
—Pero dijo que no va a pelear conmigo —respondió Lauren desde el dormitorio—. En teoría.