KATIA VEGA
—Así es… No es tan conocida como el guapo de tu hermano, pero… —agregó Arturo con una gran sonrisa, hasta que lo interrumpí.
—Pero es… —No pude terminar mi frase y un escalofrío sacudió mi cuerpo.
—La madre de mi hija —contestó con tristeza mientras yo sentía que algo se retorcía dentro de mí. ¡Esa maldita perra del infierno era el primer amor de Marcos Saavedra! ¡La mujer por la que jamás me pudo amar, mucho menos respetar!
Las palabras de mi hermano me dieron vueltas en la cabeza.