Mundo ficciónIniciar sesión“Hay imágenes que muestran lo que ocurrió. Otras esperan toda una vida para revelar lo que significan.”
La mañana llegó con un cielo despejado por primera vez desde que había llegado al pueblo, Emma despertó antes de que sonara el despertador no era la costumbre lo que la había sacado de la cama era la impaciencia.
Mientras se vestía, no dejaba de pensar en el sobre que Noah le entregaría aquella tarde, doce fotografías, doce momentos que habían permanecido ocultos durante años, doce posibles respuestas. O quizá… Doce nuevas preguntas.
El resto del día transcurrió con una lentitud desesperante intentó ayudar a su madre a organizar las últimas cajas de la casa leyó algunas páginas del cuaderno azul, incluso salió unos minutos al jardín para cortar las flores marchitas. Pero su mirada terminaba siempre en el reloj de la cocina. Cuando por fin llegó la tarde, tomó su chaqueta y salió de casa —No tardes mucho —dijo su madre con una sonrisa.
Emma levantó la mano en señal de despedida.
—No lo haré.
Mientras caminaba hacia la tienda, el pueblo parecía distinto ya reconocía algunos rostros, el panadero que saludaba desde la puerta, la mujer que paseaba cada mañana junto al canal, un niño que intentaba aprender a montar bicicleta mientras su padre caminaba a su lado, era curioso, en apenas unos días, aquel lugar comenzaba a resultarle familiar.
La campana de la puerta sonó con el mismo tintineo suave del día anterior Noah levantó la vista desde el mostrador tenía entre las manos un marco de madera que limpiaba con un paño al verla entrar, sonrió.
—Sabía que llegarías temprano.
Emma dejó escapar una pequeña risa.
—¿Se nota mucho que no soy buena esperando?
—Las fotografías tampoco lo son.
Aquella respuesta la hizo sonreír.
Era la primera vez, desde la muerte de su abuelo, que una conversación sencilla conseguía aliviar el peso que llevaba dentro Noah dejó el marco a un lado sacó un sobre color marfil cuidadosamente cerrado lo colocó sobre el mostrador.
—Aquí están.
Emma sintió un leve cosquilleo en el estómago.
Miró el sobre durante unos segundos.
Era extraño aquellas fotografías habían permanecido escondidas durante años y ahora estaban a unos centímetros de sus manos.
—¿No las abriste? —preguntó.
Noah negó con la cabeza.
—Revelarlas era mi trabajo.
Descubrirlas… es el tuyo.
Emma agradeció en silencio aquel gesto.
Abrió el sobre con cuidado, sacó la primera fotografía. Era el molino, el mismo molino que aparecía en la fotografía doblada solo que esta vez la imagen estaba mucho más cerca las aspas proyectaban una larga sombra sobre el campo de tulipanes. Todo parecía tranquilo hasta que Emma fijó la vista en una de las ventanas había una silueta muy pequeña demasiado lejana para distinguir su rostro.
Frunció el ceño.
—¿Había alguien ahí?
Noah observó la fotografía.
La sostuvo apenas unos segundos antes de devolvérsela.
—No lo sé.
Su respuesta fue tranquila.
Sincera.
Emma continuó.
La segunda fotografía mostraba cinco bicicletas apoyadas junto al canal no había nadie alrededor solo las bicicletas como si quienes las habían dejado allí fueran a regresar en cualquier momento. La tercera fotografía hizo que Emma contuviera la respiración, un banco de madera vacío sobre él descansaba una bufanda roja, la misma bufanda que había encontrado doblada dentro de una de las cajas del abuelo.
Sintió un escalofrío.
—Es imposible…
Noah no respondió, sabía que aquel era un descubrimiento que Emma necesitaba hacer por sí sola con manos temblorosas, tomó la cuarta fotografía, pero antes de mirarla… Algo cayó del interior del sobre un pequeño papel doblado no parecía formar parte del revelado era una nota. Emma la recogió lentamente la desdobló, solo había una línea escrita con la letra de su abuelo. “Si has llegado hasta aquí, significa que ya encontraste a la persona correcta.”
Emma levantó la vista de inmediato, miró a Noah. Él también la observaba los dos guardaron silencio. Ninguno de los dos entendía todavía el verdadero significado de aquella frase.
Pero, por primera vez, Emma sintió que el camino que había comenzado en el ático no la estaba llevando solo hacia un misterio, la estaba llevando hacia alguien que, de alguna manera, ya formaba parte de esa historia mucho antes de que sus caminos se cruzaran.







