Capitulo 30.
-Permiso...-Dije cerrando las puertas detrás de mí, después de haberme influido todo el valor posible a mi misma.
-Toma asiento por favor-Pidió Massimo, y al menos era buena señal que tuviese por lo menos ese gesto amable, quizás la charla no sería tan mala como creí.
Me acerque y me resultó ridículamente escalofriante verlo sentado en la silla de Salvatore, quizás por el parecido físico que tienen.
Tome asiento y entrelace mis dedos encima de mis piernas para tratar de estar lo más quieta posi