Llamaron a la puerta y Anna se levantó de la cama de inmediato. Le sorprendió lo rápido que habían llegado, ya que apenas hacía unos minutos había enviado a la criada a buscar artículos de aseo y jabón para bañarse. No había encontrado ninguno en el baño, algo que supuso había sido un descuido de la sirvienta encargada de preparar la habitación.
Con una toalla envuelta alrededor del pecho, corrió hacia la puerta y la abrió.
Un pequeño grito de sorpresa escapó de sus labios.
No era la criada qui