CAPÍTULO 29

Stephen estaba sentado en su gran silla de oficina de cuero, con los dedos entrelazados sobre el escritorio. La oficina era amplia y luminosa, con ventanales de piso a techo que ofrecían una impresionante vista del horizonte de la ciudad. A un lado del escritorio había una pila de documentos perfectamente organizada; al otro, una fotografía enmarcada de él junto a su prometida.

Pero su mente estaba muy lejos del trabajo.

En cambio, estaba completamente absorbida por pensamientos sobre Anastasia
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