—Entonces... ¿Te gusta vivir a solas? —preguntó ella mientras él le abría la puerta de su dormitorio para que pasara.
—Sí, mi padre vive en el corazón de la ciudad. Yo, en cambio, prefiero un vecindario aislado y tranquilo —se rio entre dientes.
Ella bufó y entró, echando un rápido vistazo hacia la cama. —Mjum —murmuró, una vez más impresionada. Nunca había convivido con hermanos varones, pero creía que mantener las cosas en orden era algo ajeno a los chicos.
—Ahí está el armario, coge lo que q