Las puertas del ascensor se abrieron con un leve suspiro, dejando al descubierto una reluciente extensión de cristal y cromo que reflejaba la férrea determinación en la mirada de Jennifer. Refunfuñando entre dientes por tener que vestir tan formal, se alisó la impecable blusa azul que le parecía más un disfraz que un atuendo profesional. Hoy era su primer día como ejecutiva de ventas en la empresa tecnológica de su padre, un puesto que había aceptado a regañadientes.
El ascensor no tardó en lle