La luz del sol se filtraba a través de las cortinas entreabiertas, reflejándose en la suave alfombra de la hermosa habitación. Anna se estiró en la cama aún con los ojos cerrados, sintiendo cómo la comodidad inusual del enorme colchón le calaba hasta los huesos. La noche anterior parecía haber sido un sueño, pero la suavidad de las sábanas y el tenue aroma a jazmín le confirmaban que era real.
Abrió los ojos, se sentó despacio y echó un vistazo a su alrededor para apreciar mejor el lugar. Jamás