38. Un corazón roto
Observando la ciudad, sentado, Luis Ángel admira la vista con tranquilidad. Muchas cosas que hacer en la empresa lo mantiene dubitativo y concentrado en las cuentas y en la administración. Echa una ojeada a su celular. ya son las doce del mediodía.
—Señor, el niño despertó —le dice Roselia detrás de él.
Luis Ángel se gira y asiente con suavidad.
—Tráelo —le dice.
Dentro de poco, tiene en sus brazos al pequeño Ángel, que ya está con esos ojos verdes observando el alrededor. Con un brazo lo