37. Sin una pizca de pesar
Es que la primera cosa que se le viene a la mente es un sinfín de contradicciones, ¿De qué está hablando?
—¿Un robo…? —la voz de María Teresa destila confusión, entretanto las otras mujeres siguen caminando—. Eso es horrible, Rosario.
—¡Ni que lo menciones! —se escuda Rosario después de oírla, con las cejas fruncidas en preocupación—. Nunca antes había pasado y los patrones están diciendo que cualquiera que sea el culpable, sufrirá las consecuencias. Pero es que yo no entiendo, no lo entiendo