Adler sonrió, intentando relajar el ambiente; se colocó entre Bastián y Hoffmann antes de continuar. —Bueno, parece que eso aclara las cosas. Sigamos con las visitas, ¿no?
Bastián asintió, sintiendo una ligera liberación en su pecho. No era del tipo que disfrutaba de las confrontaciones, pero decirle a Hoffmann esas palabras abrieron una puerta que no había intentado cruzar nuca.
Hoffmann se fue de ahí antes de que ellos se marcharan, dejando atrás una estela de tensión que casi podía cortar el