Mundo ficciónIniciar sesiónPOV KAEL
La veo alejarse con el bastardo.
No la toca como yo quiero hacerlo. No la reclama. No la marca. Camina a su lado como si no hubiera encendido un incendio en mi sangre. Como si no me hubiera dejado con los músculos tensos, los dientes apretados y la cabeza llena de imágenes que no pedí.
Rómpelo, ruge Nox.
Despacio. Que sufra.—Cierra la boca —le respondo mentalmente, con la mandíbula dura.
Pero Nox no se calma. No esta vez.
La furia me empuja de vuelta a la mesa antes de que haga algo irreversible en mitad del bar humano. La música sigue sonando. Las risas continúan. El mundo sigue igual.
Yo no.
Me dejo caer en el asiento con violencia contenida.
—Toma —dice Riven, mi beta, empujándome una cerveza—. Estás a punto de morder a alguien.
Le quito la botella y bebo. Largo. Frío. Inútil.
Riven no pregunta. Solo observa. Sus ojos siguen los míos un segundo… y luego se apartan. Sospecha. Lo sé. Pero no dice nada. Aún.
Encuéntrala, exige Nox.
Aspiro con cuidado, separando olores, filtrando el ruido humano. Alcohol. Perfume. Sudor. Y entonces… ahí está. Al otro lado del bar. Su aroma vuelve a tensarse como una cuerda.
La localizo.
Está con sus amigos. Riéndose. Viviendo. Como si no me hubiera arrancado algo del pecho en ese pasillo.
Es nuestra, insiste Nox.
Siempre lo fue.Antes de que pueda moverme, Velka Rhael se sienta sobre mí.
Mi prometida política.
Su cuerpo escultural encaja contra el mío con una naturalidad aprendida. Sabe exactamente cómo moverse, cómo provocar. Su peso presiona donde no debería… y mi cuerpo responde.
Pero no por ella.
La erección es real. Dura. Incómoda.
Y no le pertenece.Velka sonríe, confiada, y roza su boca contra mi cuello.
—Te fuiste sin avisar —murmura—. Pensé que necesitabas que te recordara cómo relajarte.
Por costumbre, la tomo por la cintura. Por costumbre, dejo que se acerque. He hecho esto demasiadas veces. Es una descarga. Un acuerdo sin emociones.
Nox se interpone como una muralla.
No con ella.
El rechazo me sacude por dentro. No es culpa. No es duda. Es instinto puro, brutal.
—Kael —dice Velka, notando la rigidez—. ¿Qué pasa?
No la miro.
—No ahora.
Es suficiente para que se tense. Para que su loba se agite, confundida. No está acostumbrada a esto. A que no ceda. A que no la use.
—Desde cuándo… —empieza.
—Desde ahora.
La aparto con firmeza. No violencia. No excusas. Se levanta despacio, herida en el orgullo. No entiende. Nadie entiende.
Ella no es, sentencia Nox.
Nunca lo fue.Velka se queda cerca, reclamando con la mirada lo que cree suyo por derecho. Se inclina de nuevo, terca, y lame mi cuello como si eso fuera a devolverle el control.
Mi atención no se mueve.
Nos mira, dice Nox.
Giro.
No porque quiera.
Porque lo necesito.Y la encuentro.
Esos ojos plateados están clavados en mí. En Velka sobre mí. En su boca contra mi cuello. En la escena que no significa nada… y aun así duele.
Lo siento al instante.
Un tirón en el pecho.
Un cambio en el aire. Un temblor sutil que no debería existir.Celos.
Débiles. Confusos. Reales.
¿Lo sientes? Nox suena satisfecho. Ella también.
Aprieto la mandíbula. El vínculo aún no está sellado. No la he reclamado. No la he tocado como se debe. No debería ser posible sentir nada.
Y aun así… responde.
Velka sigue sobre mí, inconsciente del incendio. Su lengua vuelve a rozar mi cuello. Mi cuerpo no le sigue. Mi atención no se rompe.
No aparto la mirada de la chica.
Quiero que sepa.
Quiero que sienta.Es nuestra, insiste Nox, posesivo, letal.
Y va a aprenderlo.No digo nada.
No necesito hacerlo.
POV LYRA
No debería estar mirando.
Pero lo hago.
Mis ojos lo encuentran sin esfuerzo, como si supieran exactamente dónde buscar. Está sentado en una mesa al otro lado del bar, rodeado de gente que no veo realmente. Él. El desconocido del pasillo. El que huele a algo que no sé nombrar y que me hizo olvidar cómo respirar.
Y ella.
La mujer está sobre él con una naturalidad que me retuerce el estómago. Es alta, hermosa, segura de sí misma. Demasiado cómoda. Demasiado cerca. Su cuerpo encaja contra el suyo como si perteneciera ahí.
Como si yo no hubiera existido.
Mi pecho se tensa cuando ella inclina la cabeza y pasa la lengua lentamente por el cuello de él. No es un gesto inocente. Es íntimo. Sexual. Reclamante.
Siento algo feo subir desde el estómago hasta la garganta.
Celos.
La palabra aparece clara, precisa… y absurda.
No tengo derecho.
No lo conozco. No sé ni su nombre.Y aun así, la sensación es brutal, irracional, casi violenta. Mis manos se cierran en puños sin que me dé cuenta. Algo dentro de mí quiere apartarla. Quiere que no esté ahí.
Quiero dejar de mirar.
No puedo.
El calor se me sube a la cara. Me siento expuesta, como si alguien pudiera leer lo que me pasa solo con mirarme. Me doy la vuelta de golpe, buscando cualquier cosa que me saque de ese nudo que se me forma por dentro.
Y entonces Ethan está ahí.
Sus manos me toman por la cintura con suavidad, como si hubiera estado esperando el momento justo. La música cambia a algo más lento, más envolvente. Su cercanía es conocida, segura.
—¿Bailamos? —pregunta, sonriendo.
Asiento sin pensar.
Mi cuerpo se mueve antes que mi cabeza. Me acerco. Él responde de inmediato, acercándose más, marcando el ritmo. Sus manos son firmes, respetuosas. Me conoce. Sabe cuándo avanzar y cuándo esperar.
Y sin pensarlo…
lo beso.No es torpe. No es dudoso.
Es impulsivo.
Mis labios buscan los suyos con una urgencia que no esperaba. Ethan se queda quieto una fracción de segundo, sorprendido… y luego responde con ganas. Su mano sube un poco más por mi espalda. La mía se enreda en su cuello.
La gente desaparece.
El bar se difumina.Por un momento, casi funciona.
Casi logro convencerme de que esto es lo que quiero. De que este calor es suficiente. De que este deseo es real.
Pero entonces…
¿Qué m****a estás haciendo con este hombre?
La voz irrumpe dentro de mí con una furia que me corta el aliento.
No es suave.
No es curiosa.Es posesiva.
Me separo de golpe, respirando agitada. Ethan me mira, confundido, pero no molesto.
—¿Todo bien? —pregunta.
Asiento demasiado rápido.
—Sí… solo… calor.
La excusa de siempre.
Antes de que pueda decir algo más, el bar estalla.
Gritos. Una silla que cae. La música se corta de golpe. La gente se aparta como una ola.
Levanto la vista justo a tiempo para verlo.
Él.
Está de pie ahora, furioso, enfrentándose a otro hombre igual de grande, igual de peligroso. No escucho qué dicen, pero no hace falta. La tensión es física, palpable. Se mueven rápido. Demasiado rápido para humanos normales.
Un golpe.
Otro.La multitud retrocede, alarmada. Alguien grita que llamen a seguridad.
Mi corazón se acelera de miedo.
No por la pelea.
Por él.No entiendo por qué, pero verlo así —violento, desatado— despierta algo más en mí. Algo que no debería estar ahí.
—Ethan —digo, tirando de su brazo—. Vámonos. Por favor.
Él mira la escena, luego a mí. Asiente sin dudar.
—Claro. Vamos.
Salimos casi corriendo, empujando gente, buscando aire. Cuando cruzamos la puerta del bar, el frío de la noche me golpea el rostro y recién entonces me doy cuenta de que estoy temblando.
En el auto, el silencio es raro.
Ethan conduce con una sonrisa tranquila, claramente satisfecho. Sé por qué. Lo siento en el ambiente. En la forma en que tararea bajito. En cómo su mano busca la mía en la consola.
Está feliz.
Porque lo besé.
Y entonces la culpa se instala, lenta y pesada.
No fue justo.
No fue honesto.Ethan no se merece ser una reacción impulsiva. No se merece ser una distracción de algo que no entiendo. Pero no digo nada. No me explico. No me disculpo.
Dejo que el momento siga su curso.
Miro por la ventana mientras las luces pasan y siento ese desajuste interno hacerse más grande. Mi cuerpo está cansado. Mi mente, revuelta. Y en algún lugar muy profundo, algo sigue despierto.
Atento.
Inconforme.No sé qué soy.
No sé qué me pasa.Solo sé que besar a Ethan no apagó nada.
Solo lo confirmó.







