-XXXV-

El sol comenzaba a salir. Keerd, sin soltar de la mano a Daylhan, se dirigían hacia donde el resto aguardaba.

Cómo si solo estuviera sumido en un profundo sueño, con sus mejores galas y perfectamente acomodado, Gydeon yacía en la pira del interior del barco.

Daylhan volvió el rostro hacia Neilan.

Éste, sin poder dejar de llorar, era sujeto por Izan y Adelain. Había intentado subirse al barco con él para irse junto a

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