Daphne
Sebastián me carga en sus brazos y me lleva a la recámara principal, en estos momentos soy la mujer más feliz de esta tierra. Solo somos él y yo, en el ambiente se siente nuestro amor, nuestra pasión y deseo.
¡Nunca me cansaré de esto! Me baja suavemente, nos empezamos a besar, pero no es un beso lento, es sensual, y demandante, suelto un gemido, lo deseo tanto. Lo acaricio, y le voy desabrocho los botones de su camisa, cuando por fin termino, se la quito, toco sus fuertes brazos. Él me