Capítulo XXVI

Sebastián.

Vamos en el taxi, con rumbo a la casa de mi Daphne, se ve bastante preocupada, y está callada, no suelto su mano, sé que las palabras de mi padre la tiene así.

—¿Por qué será que mi padre es tan despreciable?—pienso.

El taxista me indica que hemos llegado, pago y nos bajamos. Estando adentro de su casa, la abrazo con todas mis fuerzas

—Tranquila Amor, mi padre no, nos separará.

—Amor...Tu padre es hombre muy influyente, tengo miedo.

—No lo tengas, yo siempre estaré a tu lado.

—Júramelo, que aunque las cosas se pongan difíciles, no me dejarás

—¡Te lo juro!

—Ven vamos a dormir.

Subimos a su recámara, nos cambiamos y nos metemos a cama, nos abrazamos, nos quedamos así hasta que nos dormimos.

Despierto y mi chica me está observando, raro en ella, siempre duerme hasta tarde.

—¡Buen día preciosa!, ¿Cómo dormiste?—pero por su cara, veo que no muy bien.

—No muy bien, la verdad; lo que pasó ayer con tu padre me tiene preocupada.

—Amor tranquila, lo peor que puede hacer
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