Sebastián.
Vamos en el taxi, con rumbo a la casa de mi Daphne, se ve bastante preocupada, y está callada, no suelto su mano, sé que las palabras de mi padre la tiene así.
—¿Por qué será que mi padre es tan despreciable?—pienso.
El taxista me indica que hemos llegado, pago y nos bajamos. Estando adentro de su casa, la abrazo con todas mis fuerzas
—Tranquila Amor, mi padre no, nos separará.
—Amor...Tu padre es hombre muy influyente, tengo miedo.
—No lo tengas, yo siempre estaré a tu lado.