La mañana siguiente llegó con un aire fresco y vibrante, típico de las festividades navideñas. Valeria se despertó abrazada a Guillermo, sintiendo la calidez de su cuerpo y el latido sereno de su corazón. Sin embargo, la inquietud de la llamada anónima de la noche anterior seguía rondando su mente. “¿Quién habrá hecho esa llamada?” pensó, mientras se levantaba de la cama con la intención de prepararle un desayuno especial a Guillermo y Laurita, intentando ahogar sus preocupaciones en la rutina.