Lucía miró sus manos entrelazadas en su regazo. La alianza de matrimonio brillaba en su dedo, y junto a ella, el enorme diamante que Alexander le había puesto hacía unos días.
— Es complicado —dijo ella.
— Tenemos tiempo. El tráfico está parado.
Lucía suspiró, recostando la cabeza en el asiento.
— A