Entonces, se giró hacia su hermana.
— Sofi... —susurró en la oscuridad—. ¿Ya te dormiste?
Hubo un silencio breve, y luego el movimiento de las sábanas. Sofía se giró hacia él. Sus ojos brillaban, reflejando la poca luz.
— No. ¿Y vos?
— Sofía, te estoy hablando, es obvio que no me dormí —respondió Ma